DOCTOR MIGUEL DE FERNANDEZ
EL DOCTOR MIGUEL DE FERNANDEZ
DE COLUNGA (1836-1914).
Autor: Oscar G. Pamo Reyna*
Gracias a que durante una investigación se encontró, sin quererlo, material inédito referente a la vida de un médico notable del siglo pasado, vamos a ocuparnos de él. Su vida fue un ejemplo de lo importante que fue ser médico y docente universitario en un país caótico como lo fue el Perú del siglo XIX. Era una época en que los personajes saltaban de las cátedras y claustros universitarios y la arena política a los sillones de los cargos públicos y administrativos. El doctor Miguel Colunga, a secas, siguió este camino aunque siempre lo hizo con un verdadero afán de servir como quedará demostrado a continuación. Al igual que muchos otros médicos de su época, el doctor Colunga tuvo un desempeño profesional que mereció la estimación, respeto y confianza de los que le rodearon, motivo por el cual le fue asignado o le permitieron desempeñar cargos de mucha responsabilidad en momentos muy difíciles que vivió el país.
El doctor Miguel Fernández de Colunga nació el 29 de setiembre de 1836 en la ciudad de Lima, y fue bautizado en la Parroquia del Cercado el l° de octubre de ese mismo año (libro 1825-1841, fojas 172). Sus padres fueron el hacendado don Mariano Fernández de Colunga y Calderón y doña Josefa Grillo y Ramírez. Don Mariano fue hijo del español don Féliz Fernández de Colunga, quien llegó al Perú a mediados del siglo XVIII procedente de Posadas de Llanera, villa asturiana cercana a la costa cantábrica.
Su niñez y adolescencia transcurrieron en el seno de una familia conservadora y relativamente acomodada. Ingresó al Colegio de la Independencia para estudiar medicina hacia 1853, y continuó los estudios en la remozada escuela que el doctor Cayetano Heredia fundara como la Facultad de Medicina de Lima en 1856. Fue un alumno sobresaliente, por lo menos así está consignado en las revistas médicas de la época (1,2).
Se graduó de bachiller en la Facultad de Medicina de Lima a la edad de 24 años, siendo decano el doctor Miguel E. De los Ríos y el secretario el doctor Casimiro Ulloa, según consta en su diploma firmado el 13 de abril de 1861. Poco después, el 1° de junio del mismo año le fue otorgado el diploma de Doctor, siendo rector de la universidad por ese entonces el doctor José Gregorio Paz Soldán. El doctor Colunga fue de la hornada de los doctores Armando Vélez, Ignacio Acuña, Urbano Carbonera, Manuel Injoque, Jacobo Hunter, Francisco Pineda y Juan de Dios Salas(3).
Fue testigo de los preparativos y del denodado esfuerzo de los artilleros en el combate del dos de mayo de 1866, en el Callao, con cuyo triunfo se puso fin a las aspiraciones neocolonialistas del gobierno español. Se desconoce cuál fue exactamente su papel durante dicho combate, pero se tiene el testimonio, publicado en la Gaceta Médica del día 15 de ese mes, de que la participación de todos los médicos fue muy activa tanto en las batería como en los hospitales de sangre, recepcionando, atendiendo y operando heridos, quemados y mutilados.
En abril de 1879, el caos interno se sumó un conflicto internacional: Chile declaró la guerra al Perú. Perdida la Campaña Naval en Angamos, en octubre de ese año, se sucedieron las batallas terrestres de la Campaña del Sur que nos fueron adversas. La Facultad de Medicina contribuyó con material humano y parte de su material quirúrgico de enseñanza para ser utilizado por los cirujanos en el frente.
En Octubre de 1879, los alumnos de la Universidad Mayor de San Marcos formaron la columna "Carolina" y ofrecieron sus servicios al Supremo Gobierno. Los estudiantes de medicina, al no poder concurrir a los ejercicios militares por la naturaleza de sus estudios, solicitaron, a través de su decano el doctor Manuel Ocriozola, formar una columna especial, la columna 1ndependencia", formada por los estudiantes de medicina cuyos servicios no habían sido requeridos en las ambulancias del ejército. El 20 de octubre el Gobierno aceptó el pedido y refrendó la elección de los oficiales hecha por los estudiantes sanfernandinos. Por decreto del 14 de noviembre de 1879 el doctor Colunga fue nombrado Teniente coronel y Primer jefe de la columna "Independencia" de la Guardia Nacional (6). Esta columna nunca entró en combate como tal, pero este gesto puso de manifiesto la confianza y respeto de profesores y alumnos hacia el doctor Colunga.
A mediados de 1880 empezó los preparativos para la defensa de la ciudad. Así, fueron convocados los ciudadanos a formar las divisiones de la reserva. Por Decreto Supremo del 17 de junio de 1880, todos los profesores y alumnos universitarios pasaron a formar la Tercera División de la Reserva. De toda la Reserva sólo pelearía una división. Todas las demás, incluyendo la tercera, fueron disueltas por los oficiales al saberse que la línea de defensa de Miraflores había sido penetrada y las enviaron a sus casas (7, 8).
Habiendo sido desactivadas las ambulancias civiles, la atención de los heridos de las batallas de San Juan y Miraflores fue muy limitada. Pero, como lo recordaría el doctor Leonidas Avendaño años más tarde, todos los médicos cumplieron con su deber en la Defensa de Lima. Por supuesto que ello fue en la medida de sus posibilidades. En realidad, era muy poco lo que podían hacer los médicos de ese entonces para situaciones cruentas, como lo fueron las batallas de San Juan y Miraflores. Los conocimientos sobre asepsia y antisepsia no eran muy difundidos aún, no había antibióticos, no se hacía transfusiones sanguíneas, no se realizaba infusiones endovenosas, la anestesia era rudimentaria y no había analgésicos potentes, las técnicas quirúrgicas y traumatológicas tenían muchas limitaciones, etc. En fin, la mortalidad fue altísima y la morbilidad, secuelas, también. Sobrevivir luego de haber sido herido en combate era un milagro realmente.
Doña Antonia Moreno de Cáceres, esposa del general Cáceres, quien hacía la resistencia en la sierra, recordaría en sus memorias: "El doctor Colunga sirvió a nuestra causa. Me habían dicho que tenía bayonetas y en seguida me dirigí a él de este modo: Doctor, sé que tiene usted armas; no me las va usted a negar: las quiero para mandárselo a mi marido a su campamento. Con mucho gusto, señora, pero como las tengo enterradas en el Jardín Botánico, ¿cómo hacer para sacarlas de allí- No se apure, doctor; entre usted y yo las sacaremos. Y sin más trámite, nos pusimos a la obra, desenterrando toda la noche las bayonetas, aunque no dejábamos de estar nerviosos. Felizmente, Dios nos protegió y todo salió bien" (9).
En octubre de 1884, fue partícipe también de la gallarda actitud de los profesores de la Facultad que renunciaron en apoyo del decano, el doctor Manuel Odriozola, quien había sido depuesto por no acatar un exabrupto, nombrar sin concurso a un profesor, del general Iglesias quien era el Presidente Provisorio de la nación. Se nombraron nuevas autoridades y profesores. Los docentes depuestos formaron, luego de numerosas sesiones, la Academia Libre de Medicina con la finalidad de cultivar y mantener la actividad científica médica nacional.
En diciembre de 1885 Iglesias dimitió, y se hizo cargo del gobierno una Junta de Ministros que devolvió los cargos a las autoridades depuestas de la Facultad de Medicina. En febrero de 1886, el doctor Colunga y los demás profesores renunciantes fueron restituidos en sus cargos.
El doctor Colunga falleció de uremia el 2 de febrero de 1914 en Lima. Su cuerpo fue embalsamado y enterrado el 5 de febrero en el Cementerio General, en el cuartel San Ezequiel N2 58 letra "A". A su sepelio acudieron los profesores de la universidad y los discursos de orden estuvieron a cargo de los doctores Rómulo Eyzaguirre y Antonino Alvarado por las Facultades de Medicina y Ciencias, respectivamente (12).
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.
1. Gaceta Médica de Lima 1859; año III, tomo III, núm. 56.
2. Gaceta Médica de Lima 1860; año VI, tomo IV, núm. 80:398.
3. Valdizán, Hermilio. La Facultad de medicina de Lima 1811-1911, Sanmartí y Cía., Lima, 1911. pp 227.
4. Valdizán, Hermilio. Botánico Jardín. Diccionario de Medicina Peruana 1938; tomo II: 172-3.
5. Basadre, Jorge. Historia de la República del Perú. Editorial Universitaria, Lima, 1969, Tomo VII, pp 156.
6. Herrera, Jenaro E. La Universidad Mayor de San Marcos y la Guerra del Pacifico (1929). Colección Documental de la Historia del Perú (1879-1884). Comisión Nacional del Centenario de la Guerra del Pacífico, Lima 1981. Capítulo VI, pp 191-8.
7. López Martínez, Héctor Piérola y la Defensa de Lima. Con Testimonios sobre las Jornadas del 13 y 15 de Enero de 1881. Editorial Ausonia Talleres Gráficos S.A., Lima, 1981.
pp 16.
8. Ibidem López Martínez. Lo Que Yo Vi. Apuntes de un Reservista sobre las Jornadas del 13 al 15 de Enero de 1881, por Alberto Ulloa, pp. 113.
9. Moreno de Cáceres, Antonia. Recuerdos de la Campaña de la Breña (Memorias). Editorial Milla Batres, Lima 1a. ed., 1974. pp 23.
10. Valdizán, H. (1911) Op. cit., pp 268-70.
11. Guerra, Margarita. La Ocupación de Lima 1881-1883. Pontificia Universidad Católica del Perú. Dirección Académica de Investigación, Instituto Riva Agüero, Lima, 1991, pp 300.
12. Valdizári, H. (1938) Op. cit., pp 138-40.
13. Nota Necrológica. Doctor Miguel F. Colunga (1836-1914).La Crónica Médica 1914: año XXXI, N° 605:65-6.
AGRADECIMIENTOS
A la señora Victoria Colunga Macías de Agüero, nieta del doctor Miguel F. Colunga, y a su hija, la señorita Marisol Agüero Colunga, por haber puesto a disposición del autor de la presente nota su archivo familiar, con las cartas, documentos oficiales y fotografías que ha permitido realizar este trabajo.

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