CRÍTICA DEL NACIONALISMO PURO-III
Nacionalismo v/s Sistema
Con la derrota militar del Nacionalsocialismo y el Fascismo, y después de la caída del Comunismo, asistimos al aparente triunfo del Sistema Democrático-Neoliberal en el mundo. El Nuevo Orden Mundial, que se encuentra en franco proceso de instauración a escala planetaria, sin que haya -aparentemente de nuevo-ninguna ideología, ninguna "utopía" que pueda oponérsele.
Hemos escuchado en innumerables oportunidades la opinión de destacados Nacionalistas que afirman, sin embargo, que el Nacionalismo es la única fuerza con potencia suficiente para detener el avance del Sistema.
Los hechos parecen darles la razón: después de la disolución de la Unión Soviética hemos asistido a la creación de nuevos estados nacionales. La ex Yugoslavia se disgregó entre Croatas, Servios, y Bosnios. Ucrania y Georgia -además de otros- se constituyeron a partir de los restos de la URRS (sin dejar de considerar que, en el caso de Georgia, se negó la calidad de minoría nacional a los osetas).
Los nacionalistas pueden sostener que el potencial de formación de nuevas naciones-Estado es ilimitado. Kurdos, vascos, estonianos, osetas, tibetanos, eslovenos, irlandeses, chechenos, palestinos y muchos otros pueblos se encuentran luchando por consolidar sus propios estados nacionales. Claramente, el Nacionalismo aparece como una fuerza al menos tan potente como el dominante sistema Democrático-Neoliberal.
Pero, en los hechos, los estados nacionales ya consolidados -el propio caso de Chile para no ir más lejos-, no han sido capaces, aún contando con todo el nacionalismo necesario, para oponerse exitosamente a la instauración del Nuevo Orden Mundial. Ello es principalmente causado por la inexistencia de una cosmovisión que se oponga de modo radical al Sistema, que sea más legítima que él, y que proporcione mayor calidad de vida a los habitantes de cualquier lugar del planeta.
Como hemos visto, el Nacionalismo no constituye tal cosmovisión. Ni siquiera alcanza para formar una doctrina o una ideología.
Ciertamente, el Nacionalismo puede formar Estados Nacionales. Israel es el caso más característico, pero es incapaz de oponer resistencia a la cosmovisión dominante, porque en sí mismo no constituye una cosmovisión.
Quienes propugnan la exaltación de los valores nacionales como frontera conceptual al sistema mundial, olvidan que éste basa su accionar en aspectos materiales concretos -surge del materialismo y se asienta en él-, y no en la mantención de determinados aspectos culturales "locales".
A un tecnócrata de Wall Street no le importa demasiado si en Chile celebramos con mayor o menos fervor el 18 de Septiembre, o bailamos más o menos Cueca cada día. A él le interesa principalmente, si en esas fiestas se puede aumentar el nivel de consumo de determinado producto de la Compañía Transnacional que representa. Los Españoles podrán seguir gritando "Ole" en las corridas (ignoro si ello es signo de nacionalismo o de simple primitivismo), en Chile podremos cantar "el asilo contra la opresión" a degüello, los argentinos podrán aplaudir a rabiar a los Chalchaleros, y así, cientos de ejemplos más, característicos de las costumbres de cada Nación, pero, en los hechos, por sí sola, la Tradición no basta para oponerse efectivamente al poder del capital internacional, a la usura o a la sistemática implantación de un único modelo social, económico y político mundial.
La derrota de cualquiera opción al Sistema se basa -en primer lugar-, en la incapacidad que ese nuevo sistema tenga para oponerse y superar todas y cada una de las opciones y valores que el actual posee. De allí que lo que se necesita es mucho, muchísimo más que la existencia de un sentimiento Nacionalista, de una Tradición, de una lengua, historia o cultura propios. Se necesita una Cosmovisión. Una nueva, total y diferente forma de comprender la realidad, la vida y el universo.
Para quienes han leído hasta aquí, resultará claro entonces que no estamos en contra del Nacionalismo per se. Nuestra crítica profunda apunta al Nacionalismo Puro, a ese nacionalismo que se aísla de la realidad al representar sólo una parte. Que es incapaz de proponer soluciones concretas a las necesidades de cada pueblo en la faz del planeta. Que para existir como tal, debería poseer un planeta único, habitado por sólo una raza, con una sola historia, lengua, tradición y cultura, cerrado en sí mismo, revolucionando en giros centrípetos referidos -de igual modo-, a la desaparición evolutiva de esa misma especie.
La autarquía nacionalista pura, la raza nacionalista pura, la historia, cultura y lengua pura de un puro estado Nacional es una imposibilidad histórica, social y empírica.
Así como un electrón desaparece al ser aislado -se transforma en nada-un País que se cerrara completamente al resto de los países significaría el término de esa peculiar forma de adaptación.
Y hacemos hincapié en este crucial aspecto: las razas (lo hemos dicho en otra parte) son condición natural de la evolución de las especies. La biodiversidad se basa en el proceso de especiación, cuya manifestación primaria es el surgimiento de razas diferentes a partir de una misma especie. La raza se vincula directamente con el desarrollo de las poblaciones. La capacidad evolutiva de adaptación se sustenta en esta posibilidad. Sin razas no hay fenómeno adaptativo. Sin razas no hay evolución.
El sistema dominante propende a la negación de las individualidades culturales, deshace la adaptación al promover la hibridación, frena la evolución al negar la diferencia. El totalitarismo unificador del sistema no permite la evolución, de hecho, la niega. Se remite evidentemente a un "fin de la historia", en que a expensas de un supuesto "beneficio colectivo", de una "isothymia" generalizada, se suprime la posibilidad de engendrar nuevas y mejores expectativas y posibilidades.
De igual modo, la noción Nacionalista Pura, con su premisa básica de introyección, de crecimiento hacia adentro, de autarquía cultural, económica y política, frena de igual modo la evolución al negar la adaptación, adaptación que es condición básica e inherente a la vida. Imaginar un País Nacionalista a ultranza, es imaginar un País en guerra permanente, o bien, un único país sobre la faz de un mundo desolado.
Los Nacionalistas deben reconocer que su opción es tan una opción por la extinción como la que propugna el sistema. Deben reconocerlo si de algún modo quieren luchar por un nuevo ser humano, en una nueva sociedad, donde la Tradición sea un impulso a mayores niveles de adaptación, y no un freno a la evolución del hombre. Dicho en otras palabras, podemos ser tan chilenos, argentinos o españoles como queramos, pero serlo a ultranza significaría habitar un mundo en que estaríamos solos, y donde -por lo mismo- serlo no tendría significado alguno.
El Nacionalismo es sin duda, la base conceptual del Nacionalsocialismo. Pero la diferencia fundamental entre ambos es que uno lleva a la extinción, y el otro favorece y propicia la adaptación, ello, tanto en términos sociales como biológicos. Eso es lo realmente importante.
A mis amigos Nacionalistas les insto a pensar profundamente en lo que hemos tratado en estas páginas. Si el nacionalismo tiene alguna razón de ser más allá del nacionalismo, esa razón se encuentra asentada profundamente en lo Social: límite, freno e impulso de mejores, más justos y legítimos sistemas de vida. El Nacionalsocialismo -esta nueva cosmovisión que comenzó a construirse en Alemania-, es la única salida. De eso hablaremos en la última parte de este ensayo.
Nacionalismo y Nazismo
Hemos meditado profundamente durante este año para terminar de escribir este ensayo. Desde Febrero, cuando definimos groso modo la pauta de este número, hasta ahora mismo, esta noche cálida del 21 de Diciembre en que intentamos -todavía-, plasmar nuestras ideas de modo comprensible y directo.
En un par de páginas más, Mankepán nos hablará de lo mismo con otras palabras que, sin embargo, resuenan extrañamente iguales. Efectivamente, muchos de nosotros ya habíamos llegado a idénticas conclusiones respecto a lo que tratamos, aún antes de haber escrito una sola letra.
Somos Nacionalsocialistas, Nazis si prefieren (recuérdese que este ensayo se escribió antes de la fundación de Patria Nueva Sociedad). Y somos un tipo diferente de Nacionalsocialistas también. Somos la última generación de Nazis del Siglo XX, de este siglo que en un par de años se nos acaba. Somos también los responsables directos de transmitir estas ideas a las próximas generaciones. De replantear nuestra cosmovisión para el próximo milenio. Creánnos cuando decimos que esto no es nada fácil. Es lo más difícil que alguna vez nos hayamos propuesto.
Todo un año ha sido necesario para decir algo que a muchos de ustedes les parecerá demasiado simple quizá: somos Nacionalsocialistas. Pero ello significa mucho más de lo que aparentemente parece.
En estos diez número de Pendragón hemos intentado con mayor o menor éxito, redefinir, revalorar, recrear y reencantar lo que hoy por hoy significa sostener estas ideas. Estamos hablando de un nuevo nacionalsocialismo, de una nueva cosmovisión. Le llamamos de este modo porque hoy -todavía- es el mejor modo. Porque aún no tenemos otro modo.
Nuestra certeza profunda es que estamos caminando el mismo sendero que se habría caminado si el Nacionalsocialismo no hubiese sido derrotado en la Segunda Guerra Mundial.
Estamos afirmados fuertemente en lo central de la doctrina, en lo substancial. Desde allí construimos. Y estamos solos y libres y plenamente conscientes de lo que estamos haciendo. Porque en Pendragón no pertenecemos a grupo alguno, ni somos un grupo. Somos seres únicos e individuales... absolutamente distintos, absolutamente similares. Nuestra intención no es, por ende, coincidir o hacer coincidir a nadie con nuestros planteamientos. Esto es estrictamente personal, propio de cada uno de nosotros. Porque básicamente queremos hacer pensar, hacer meditar.
Hemos tenido cincuenta años para escuchar, leer y aprender todo lo que era necesario para continuar caminando por la ruta que nos señaló el Führer. Es hora de que nos pongamos en marcha. Dejamos atrás a los que nos precedieron, y nos hemos alejado mucho de ellos en términos conceptuales. No estamos, definitivamente, pensando para mañana, estamos pensando -tratando de pensar-, para el próximo milenio, quizá para más.
Este motivo básico es el que nos llevó a escribir el ensayo que estamos concluyendo.
Demasiadas veces habíamos asistido a la formación de agrupaciones que -bajo ese ubicuo denominativo de "nacionalistas"- arrastraban a los camaradas a experimentos ideológicos que terminaban enteramente alejados de lo substancial de nuestra ideología. Efectivamente, el Nacionalismo Puro, a secas, es contrario a la esencia del Nacionalsocialismo.
El uno, lo hemos dicho, apela a la segregación, a la rigidez estructural que lleva indefectiblemente a la guerra, dando la razón a los adalides del sistema que plantean que la "Megalothymia" inmanente en el Nacionalismo constituye la base de su autodestrucción. De paso, validados por una semántica firmemente arraigada por el comunismo, utilizan la generalización de "Utopías" para descalificar de un palmo a toda ideología que pueda oponerse a su carro de triunfo. Obvian así el hecho simple de que el Nacionalsocialismo no es una Ideología derrotada en el plano de las ideas. Lo fue -y hasta cierto punto incluso- en el plano militar, en el plano de la Guerra. Pero basta mirar la historia un poquito para ver cómo las ideas no perecen al morir quienes las sustentan, al menos, no perecen si es que contienen algo de verdad. ¿Acaso las ideas de Galileo perdieron un ápice de validez, al tener que doblegarse ante el poder de la Iglesia para poder continuar vivo? Cierto: "y sin embargo, se mueve". ¡Por cierto que se mueve!
Nos parece por ello, que el sólo hecho de estar escribiendo, al igual que muchos camaradas a lo largo del planeta escriben lo propio, deja en claro que este muerto ideológico está bien vivo.
Por otro lado, está la cuestión del Poder, del PODER en mayúsculas para reforzar la idea. Entendemos que el poder político es parte, una pequeña parte, de un poder mucho mayor. De un poder que está vinculado directamente a nuestra naturaleza, y que en necesario descubrir por cada uno de nosotros en Sí-mismo. Este poder está relacionado con caminos iniciáticos que entroncan directamente con la Tradición, y comenzaron a ser recordados por el Nacionalsocialismo en Alemania.
Hemos hablado en los Editoriales de casi todos los números acerca de esto en diferentes formas. La "Voluntad de Poder" nietzscheana no es más ni menos que eso mismo. La posibilidad de transmutar el destino que nos fija el Eterno Retorno a través de la concentración absoluta en el Ser, y de allí su expresión en el Hacer. Esto es el centro de la verdadera Política, su origen y consecuencia.
Y para quienes -incluso a estas alturas-, encuentren demasiado alambicados nuestros planteamientos lo diremos de otro modo: la lógica del sistema atenta contra la evolución de la especie humana al negarle trascendencia, al equipararla a una máquina básicamente motivada por impulsos, en su mayoría sexuales, dispuesta y predispuesta al placer por sobre todas las cosas. Una visión del ser humano que se establece sobre la noción del egoísmo inmanente de los genes y que lleva, indefectiblemente, a la explotación sistemática y total de los recursos disponibles, de todo el planeta, del propio hombre por el hombre: homo lupus homine, al decir de los romanos. Esta lógica, basada y proyectada en el materialismo contiene el germen de la total destrucción existencial, y se entronca directamente con las teologías judeo-cristiana dominantes, teología de esclavos, hecha por esclavos y productora de esclavos. Teología que se asienta sobre las mismas bases conceptuales que dieron origen al Nacionalismo en su forma más radical.
Oponerse a estas cuestiones no pasa por un simple ejercicio intelectual en que seamos capaces de proponer una "alternativa" viable a lo que sucede. Nuestra propuesta es mucho más absoluta que un radicalismo que gira centrípeto siguiendo los brazos de la gamada. Ni siquiera podemos llamarnos "radicales", porque lo nuestro va mucho más allá. Ni siquiera estamos planteando "otra" alternativa. Lo que está en juego en la posibilidad de construir una nueva cosmovisión es la posibilidad empírica de escapar de la extinción biológica, de escapar de la muerte.
Sustentamos que el Nacionalsocialismo ha sido uno de los intentos más serios y consistentes por escapar de este destino, porque sus raíces se hunden más allá del propio Nacionalismo que lo originó, y sus ramas llegan mucho más alto que lo que hasta ahora incluso nosotros mismo habíamos podido ver.
La negación del materialismo que plantea nuestra doctrina no tiene que ver con una petición de principios simple y que puede ser fácilmente aceptada por todos. Supone básicamente "recordar", porque ya hemos señalado anteriormente que somos amnésicos. Olvidamos nuestra ligazón profunda con el entorno, con los Arquetipos y con el Inconsciente Colectivo de la especie, que nos llevaba de la mano hacia la superación del hombre, hacia el superhombre camino hacia Dios.
Olvidamos porque fuimos vencidos una mil veces por las fuerzas de la oscuridad: del oscurantismo Medioeval, del oscurantismo del "Siglo de las Luces", del oscurantismo Cartesiano-Newtoniano, del oscurantismo de la Razón Pura, y -para nuestro propio pesar-, del oscurantismo aún peor del Nacionalismo Puro.
Hoy, sumidos hasta el tuétano en el oscurantismo Consumista, asistimos al triunfo de la lógica del esclavo. De la lógica que lleva a la destrucción del Ser en medio de una "Isothymia" que deja a los hombres "sin pecho", prestos a servir de abono a las liquidaciones de bienes transables en el siempre menospreciado "mercado del espíritu". Que los remite a un puro conjunto más o menos domeñado de impulsos, transados en beneficio de mayores placeres expresados en bienes materiales.
El Nacionalsocialismo supone básicamente escapar de la lógica del mundo que terminó por concretarse en el Siglo XIX, y que concluyó por derrotar las fuerzas del recuerdo en la última guerra mundial. Supone trascender el materialismo y conectarse directamente con una física y una biología que están día a día más cerca de la Mística, y de las Tradiciones más sagradas en torno a las que se formó la humanidad. De allí que esta "Crítica del Nacionalismo Puro" sea la constatación básica a la hora de repensar nuestra ideología. Los Estados Nacionales hoy por hoy, tienen importancia en la medida que representan Mercados específicos, donde los arquitectos del marketing del Nuevo Orden Mundial pueden aplicar sus diseños de compra y venta en distintas formas cada vez más eficaces.
No podemos pensar en que el Nacionalismo, con su falta de definición, con su carencia de doctrina, con su visión estrecha de la realidad, pueda servir para oponerse de algún modo al dominio del Sistema. Y esto, básicamente porque su concepción deviene de las mismas bases que dieron origen al sistema: el Nacionalismo es tan decimonónico como el Marxismo y el Liberalismo. Son tres ramas de un mismo árbol ideológico.
Si realmente puede hablarse de un fenómeno ideológico "Moderno" (en el sentido que los propios adalides del sistema lo entienden), es únicamente el Nacionalsocialismo -el Fascismo si se quiere adherir a esa semántica- el que puede ser definido como tal.
El Nacionalsocialismo es el único experimento ideológico propio de la Modernidad. Surge a partir de la negación del materialismo que la física ya había comenzado a develar a comienzos del siglo. Se apoya en las modernas teorías sicológicas y está a caballo sobre la percepción de la realidad que hemos logrado concretar en este siglo. Se origina en una visión de la biología que es el primero en reconocer y proyectar, y que nos ha tomado cincuenta años para llegar a comprender a cabalidad.
Todo ello explica que la física, la química, la economía, la ecología e innumerables ciencias y técnicas más de la Alemania Nacionalsocialista, hayan avanzado en seis años lo suficiente para oponerse a una guerra que involucró a más de cien países en su contra. Porque lo que había detrás era el inicio de una nueva Cosmovisión, de una nueva forma de comprender la realidad y que -por lo mismo- estaba más allá de un "radicalismo" simple, como nos han querido vender los siervos del señor oscuro.
Ello y no otra cosa -ese espíritu de sacrificio y disciplina alemanes al que tanto se apela para explicar la potencia del Reich en sus inicios-, es lo que explica el inusitado éxito y logros del Nacionalsocialismo en sus inicios.
Si el Comunismo había fracasado en instaurar una ética del trabajo, y el Capitalismo había dejado atrás el valor del sacrificio en pro de la colectividad, el Nacionalsocialismo aunó ética, sacrificio y satisfacción personal en una nueva concepción de la relación entre "Señores y Siervos", porque ya no había más "Señores", y tampoco todos eran "Siervos". No impuso la "Isothymia" como solución a la búsqueda de reconocimiento, ni tampoco exacerbó la "Megalothymia" como compensación, porque la razón de ser en el Nacionalsocialismo era la relación par inter pares. El idealismo concebido como el sacrificio de la vida misma por los miembros de la propia comunidad. El idealismo concebido como la oposición más humana -más legítima- a ese egoísmo genético que nos lleva a "matar al otro para obtener reconocimiento", en palabras de Hegel. El idealismo que no considera la negación de la personalidad ni la exacerbación del individualismo como vía para la existencia humana, y que tampoco se asienta en un puro racionalismo para encontrar la felicidad: materia y espíritu, sentimiento y razón, izquierda y derecha, todo a la vez y sin ninguna síntesis que nos lleve a una nueva dialéctica propia del eterno retorno de los que están atados a su propio karma.
Esta Voluntad de Poder, del propio Poder, es la que proporciona la ética del guerrero del Ser. Del guerrero que sabe que su peor enemigo -y por ello su mejor oponente- se encuentra dentro de Sí-mismo. Esta fue la invitación que un hombre nos dejó planteada hace más de medio siglo, y esta es la invitación que debemos aceptar para caminar con pasos seguros por la senda del mañana.
Ser Nacionalsocialistas es un desafío que comienza primero por vencernos a nosotros mismos. La política que de ello devenga está aún por construirse. Pero tengamos clara noción de lo que ello significa: ¡basta de formar ensaladas ideológicas con gente a la que aún le falta muchísimo para comprender que están superados por la Historia, se digan Nacionalistas o como se digan! Tener esto claro es el primer paso para proyectar nuestras ideas al futuro.
El factor Social como razón básica que nos hace ser humanos, y no la lucha o la muerte por el reconocimiento del otro, es lo que diferencia substancialmente al nacionalsocialismo de otras corrientes similares.
En tanto Nacional, nuestra doctrina posibilita y fomenta la adaptación por medio de la diferencia: el respeto de la Cultura, de la Raza y todo lo que ello implica. En Tanto Social, acepta que el Ser Humano está definido por vivir en comunidad. El Volk, la comunidad de sangre, en que se retoman estructuras "Tradicionales" de reparto y valoración del trabajo que pueden retrotraerse hasta el propio estado de los Cazadores-Recolectores, primeros en establecer una ética basada en el sacrificio personal en pro de la comunidad, de los Pares.
De allí que insistamos en la denominación "Nacionalsocialista" -ambos términos juntos, y no inadecuadamente separados como muchos camaradas los escriben-, porque sólo a través de la concepción Nacional pueden expresarse la diferencias naturales de las Razas de nuestra especie, y sólo a través de lo Social podremos evolucionar hacia nuevas y mejores formas de adaptación.
De allí que legítimamente el Nacionalsocialismo pueda proyectarse a la vez como una ideología Nacional e Internacional. Porque posee una lógica interna que hace posible su aplicación por cada Nación del Planeta, y a la vez genera los mecanismos para que estas razas evolucionen junto a las otras. El fomento de la diferencia, de la infinita multiplicidad cultural, de la rica variedad de formas, costumbres y tradiciones es la base de mejores relaciones humanas, de mejores relaciones internacionales (como -ahora- lo reconoce el propio Sistema), y de mejores relaciones económicas y sociales.
Ese es el valor y la potencia de las ideas que estamos sustentando, y hacia allá debemos enfocar nuestros esfuerzos al proyectar la doctrina el próximo milenio.
Nuestra Crítica del Nacionalismo Puro es también la crítica a aquellos que -sintiendo interiormente que en realidad son Nazis-, prefieren optar por el consenso con el sistema utilizando una denominación menos "dura". Nada van a obtener excepto legitimar el estado de cosas que pretenden -o por lo menos sienten que pretenden- cambiar por otras mejores. ¿Por qué legitiman la semántica del sistema al adscribir a una "doctrina" que -hemos probado- no es tal? A los siervos del señor oscuro no les hace ningún daño contar con unos cuantos miles de "Nacionalistas", que en el mejor de los casos les darán nuevas y mejores razones para entronizar su poder. Que la ETA o el IRA pongan una bomba más o asesinen a tal o cual personaje, es simplemente la justificación que el sistema tiene para instaurar un definitivo estado policial mundial, que ampare eficazmente el trabajo de explotación de las Multinacionales. La incipiente instauración de un sistema legislativo anti-terrorista internacional nos da la razón en esto.
Por otro lado, la exacerbación del nacionalismo será siempre la herramienta básica a utilizar para el fomento del armamentismo y las doctrinas basadas en la Seguridad Nacional. La justificación más simple que tienen los vendedores internacionales de armas para ofrecer sus productos.
Y, por último, aunque los Nacionalistas del mundo terminaran por construir tantos estados Nacionales como etnias existen, ¿sería esto una barrera a la entronización definitiva del Nuevo Orden Mundial? ¿Detendrían de algún modo a las Multinacionales en su control de la economía del Planeta? ¿Resolverían el desequilibrio Norte-Sur en la utilización de la energía de la Tierra? Lo más probable es que la existencia de más estados nacionales fuera un fomento al mercadeo mundial de productos especializados: Tome Coca-Cola en Haití, Burma, Nepal, Irlanda o Singapur, las etiquetas serán distintas, pero el dinero irá a parar a los mismos bolsillos ¿o no? Incluso podría ser un eficaz acicate para la creación de nuevas y mejores formas de dominación internacional: cada vez que hubiese una sobreoferta de productos podrían controlar el Mercado quitando allí donde sobra, y poniendo allí donde falte.
Lo repetimos: el mejor apoyo al sistema por parte de los que tienen alguna cercanía con nuestras ideas, o de los nuestros que quieren ponerse una máscara más "amistosa", es quitarle lo Social a lo Nacional, y quedarse en un Ismo sin sentido, un Nacionalismo que los llevará de la mano a la extinción de la especie: ¡si el territorialismo tiene a lo menos 200 millones de años de existencia y -evidentemente- los Dinosaurios ya no dominan la Tierra!
Centrarnos en el Ser, en el ser Nacionalsocialistas es lo único realmente trasgresor que queda.
No hay otra ideología que pueda oponerse de modo eficaz al dominio omnipotente del Sistema. Ese es nuestro llamado en este año. En este año en que todo cambió.
Repensar nuestra ideología parte por aceptar verdaderamente lo que somos: no una -otra- alternativa, no una utopía sin destino, no un conjunto de ideas que el próximo milenio terminará por olvidar.
Si hay algún "Fin de la Historia" para nuestra historia, parte en el momento mismo en que nos queremos olvidar de lo que realmente somos. En que queremos desconocer nuestra propia Naturaleza.
El Nacionalsocialismo es lo único que le queda al Nacionalsocialismo. Lo demás, lo demás no importa nada.
http://www.accionchilena.cl/Doctrina/criticadelnacionalismopuro.htm
NOTA.- PUNTO DE VISTA DE AUTOR CHILENO- HERMANO PAIS SUREÑO.
FRATERNALMENTE: DR. LUIS ANTONIO, ROMERO YAHUACHI.

Meneame
del.icio.us




"
¡¡¡ENTRA A MI CORAZÓN Y GANA..

















